Mas de una vez he pensado en una hacer una exposición de las de toda la vida, de las de galería (de la cual rehuyo). El espacio trabajado y entendido para un público visitante que espera ver algo que le mantenga más de 10 segundos “entretenido” en unos códigos galerísticos. Un cierto agobio.
La gelatina era mi estrategia.

Llenar la sala de gelatina impide entrar al espectador que se asoma. Quebrar el grueso mar rojo puede ser interesante. Un baile. Un plano cenital. Una luz y un sonido. O dejarla desaparecer en imagen acelerada. O comérselo en la inauguración.
Hongos complementarios verde grisaceo, como estrellas en sangre. Variable tiempo. Y el “pensador” dándole vueltas.


